La FIFA abrió una investigación para determinar si los jugadores de la selección argentina infringieron las normas al exhibir una pancarta con el mensaje “Las Malvinas son argentinas” después de su victoria en la semifinal del Mundial 2026 contra Inglaterra, celebrada el pasado miércoles en Atlanta.
Este acto generó una fuerte reacción internacional, especialmente del gobierno británico, que solicitó formalmente a la FIFA una revisión exhaustiva de las celebraciones. En ellas, varios integrantes de la Albiceleste mostraron la pancarta, un gesto que reaviva un conflicto histórico entre ambos países por la soberanía de las islas Malvinas, cuya disputa data de décadas atrás y desembocó en una guerra en 1982.
Un portavoz de la FIFA señaló que el Comité Disciplinario independiente está evaluando los informes del partido y las circunstancias para decidir si procede alguna sanción. La Asociación del Futbol Argentino (AFA) ya fue multada en 2014 con 39 mil dólares por un incidente similar, cuando los jugadores exhibieron la misma leyenda tras un partido amistoso contra Eslovenia.
El artículo 34.3 del reglamento de la FIFA prohíbe expresamente la exhibición de mensajes políticos antes, durante o después de los encuentros, norma que busca preservar la neutralidad del deporte frente a controversias diplomáticas.
Ayer por la mañana, la oficina del primer ministro británico, Keir Starmer, respaldó la investigación y reiteró la postura del Reino Unido sobre la autodeterminación de los isleños, enfatizando que “nuestra postura no ha cambiado” y que el compromiso con las Malvinas es firme.
En el plano social, Simon Weston, veterano británico de la guerra de 1982, calificó la acción de los jugadores argentinos como una falta de madurez y profesionalismo, lamentando que el gesto haya “devaluado” la victoria deportiva y afectado a los habitantes de las islas, quienes han expresado su voluntad de permanecer bajo soberanía británica.
Por su parte, el presidente argentino Javier Milei defendió el accionar de la selección como “válido y lícito”, subrayando que se trata de un sentimiento nacional compartido y que el reclamo debe mantenerse en el ámbito diplomático, no en el deportivo. “Un partido de futbol es un partido de futbol”, afirmó en entrevista con radio El Observador, recordando que tanto el entrenador Lionel Scaloni como veteranos de guerra habían pedido separar el deporte de la política.
El gesto fue respaldado también por el centro de excombatientes Islas Malvinas de La Plata, que agradeció a los jugadores y cuerpo técnico por expresar un sentimiento nacional profundo.
La pancarta fue elaborada por un grupo de aficionados en Buenos Aires, quienes la introdujeron al estadio de manera clandestina y la lanzaron al campo al final del partido, donde fue tomada por el jugador Giovani Lo Celso y desplegada ante las cámaras.
Este episodio pone en evidencia la persistencia de un reclamo histórico que, aunque legítimo desde la perspectiva argentina, genera tensiones en el contexto internacional y plantea un debate sobre los límites entre la expresión política y el deporte en eventos globales. La FIFA, como organismo rector, enfrenta el reto de aplicar sus normas sin desatender la complejidad geopolítica que rodea este conflicto.

