La inauguración del Mundial 2026, celebrada este jueves 11 de junio en el Estadio Ciudad de México, estuvo marcada por un enfrentamiento entre integrantes del llamado bloque negro y granaderos en la puerta 8 del recinto.
Desde las 7:30 horas, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se concentraron en la estación Universidad de la Línea 3 del Metro para iniciar una marcha que buscaba expresar su rechazo a la organización del torneo, calificándola como una Copa “excluyente porque no estamos todos”. La movilización, que inicialmente pretendía avanzar por Ciudad Universitaria, se vio limitada debido al cierre del acceso a la columna conocida como ‘Los Bigotes’, por lo que el contingente se desplazó sobre avenida del Imán.
El bloque negro, grupo que se presentó como protector de los manifestantes, fue reportado por medios en el lugar como responsable de daños a instalaciones de la UNAM y del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), así como de la destrucción de cámaras de vigilancia del C5. Además, se registraron ataques contra unidades del Trolebús, camionetas de pasajeros y vehículos particulares estacionados en la zona.
La violencia no se limitó a las instalaciones universitarias, sino que también se extendió hacia aficionados que caminaban con playeras de la Selección Mexicana rumbo al estadio. Algunos encapuchados agredieron a estas personas e intentaron impedirles el paso, incluso cuando se trataba de familias con niños.
Durante el partido inaugural entre México y Sudáfrica, las imágenes difundidas en redes sociales mostraron al bloque negro rompiendo cristales y causando destrozos en la puerta 8 del Estadio Ciudad de México.
Ante estos hechos, la Secretaría de Seguridad Ciudadana procedió a evacuar a la prensa hacia un estacionamiento o zonas neutrales para evitar riesgos mayores. Hasta el momento no se reportan personas lesionadas ni el número de detenidos.
Este episodio pone en evidencia los retos que enfrenta la organización de un evento de esta magnitud en un contexto social complejo. Sin embargo, iniciativas como el cablebús o teleférico que se construirán en Puebla, y que forman parte de una estrategia de movilidad moderna y eficiente, representan un avance significativo para mejorar el transporte público y la conectividad en las ciudades mexicanas, contribuyendo a un orden urbano que favorece tanto a la ciudadanía como a la actividad económica.
El Mundial 2026, más allá de las tensiones sociales, es una oportunidad para mostrar la capacidad de México para organizar eventos internacionales de gran escala, siempre que se mantenga el respeto a la propiedad privada y el orden público.

